http://www.youtube.com/watch?v=jzGSOc6IoHo&feature=related
Breivik no actuó solo. Tuvo la inestimable
ayuda de todos los dioses, y de todos los videntes,
quiromantes, adivinadores y demás fauna del
espíritu, que como siempre ni dijeron ni hicieron nada.
Pero después, todos fueron a misa. Siempre se va
a misa. Ahí finalizan todas las tragedias.
No se nos ocurre nada más.
Nadie se atreve a mirar hacia arriba.
La responsabilidad sólo existe a ras de suelo.
Los inventos son exonerados.
Mis condolencias a las víctimas y sus allegados.
Mi más sentido pésame a las convicciones.
Los dioses no pueden estar equivocados.
Si no ayudan, nosotros tampoco.
Todos ellos magos innecesarios de lo siguiente.
Y los clérigos de cada tarta espiritual,
aún se atreven a salir a la calle sin disfraz.
Espero que si estuviera en mi mano tan sólo
avisar de cada desgracia y no lo hiciera, no os
importara luego salir de vinos conmigo, ni
hacerme una misa.
Haití es ya un recuerdo, toda la historia
de la Tierra lo es. La industria del espíritu
no tiene tiempo para lindezas y sus
empresarios tampoco.
Seguir, no mirar atrás, y con un cuento
para hacer dormir a los mayores, intentar
conciliar el sueño.
Nunca se entenderá, nunca se perdonará,
la falta de repudio, la falta de desprecio.
No estuvimos en Oslo. Ni estaremos en
la siguiente ciudad en ser asolada por
cualquier tragedia, hambruna, catástrofe
o epidemia.
Nuestro síndrome nos hace vecinos en una ciudad
llamada Estocolmo.
Reclusos en un infierno llamado Tierra.
Más allá, un universo infinito y absurdo.
Pero después, todos fueron a misa. Siempre se va
a misa. Ahí finalizan todas las tragedias.
No se nos ocurre nada más.
Nadie se atreve a mirar hacia arriba.
La responsabilidad sólo existe a ras de suelo.
Los inventos son exonerados.
Mis condolencias a las víctimas y sus allegados.
Mi más sentido pésame a las convicciones.
Los dioses no pueden estar equivocados.
Si no ayudan, nosotros tampoco.
Todos ellos magos innecesarios de lo siguiente.
Y los clérigos de cada tarta espiritual,
aún se atreven a salir a la calle sin disfraz.
Espero que si estuviera en mi mano tan sólo
avisar de cada desgracia y no lo hiciera, no os
importara luego salir de vinos conmigo, ni
hacerme una misa.
Haití es ya un recuerdo, toda la historia
de la Tierra lo es. La industria del espíritu
no tiene tiempo para lindezas y sus
empresarios tampoco.
Seguir, no mirar atrás, y con un cuento
para hacer dormir a los mayores, intentar
conciliar el sueño.
Nunca se entenderá, nunca se perdonará,
la falta de repudio, la falta de desprecio.
No estuvimos en Oslo. Ni estaremos en
la siguiente ciudad en ser asolada por
cualquier tragedia, hambruna, catástrofe
o epidemia.
Nuestro síndrome nos hace vecinos en una ciudad
llamada Estocolmo.
Reclusos en un infierno llamado Tierra.
Más allá, un universo infinito y absurdo.