Música para oir en una pestaña nueva
http://www.youtube.com/watch?v=GJ5JFcoyFvw&feature=channel_video_title
¡Gatitos!, qué monos,
contagian la alegría,
de lo pequeño, de lo
gracioso, con las
ganas de jugar de
lo venido a nacer,
hace poco.
Y una madre vigila;
si aparece el peligro,
corren todos con susto,
del campo a la pared,
del agujero al adentro,
al calor amigo de un hueco,
que da amparo y cobijo,
a los que entran y salen,
y están a salvo del riesgo;
que esperan, pasado su tiempo,
la curiosa cabeza que asome,
y de un brinco, anime a salir
de nuevo, a la luz que brilla,
y muestra el revés del camino,
que no molestan, digo , o sí,
vete tú a saber.
Mas se cierne el hombre que
otea y construye, que llama
a los campos, solares, y
olvida medir los amores,
que sube planta por planta,
juntando pared con pared,
y no perdona, que no cae en
la cuenta de tantas otras vidas,
que al lado de cada ser anidan,
y no sabe de ir con cuidado,
que podemos ser observados,
en esos días malvados, en que
delante de una gatera,
se apilan cumbres de arena,
y ya no se puede ver, que
quedan los seres aislados,
y dejan sus ojos cegados.
Pero tal vez escaparon,
eso quiero creer, que no
sé si dentro quedaron,
tal vez dieran traspiés, y
alarmados, equivocados,
al refugio huyeron,
como siempre lo hicieron,
también esta última vez.
Mas nunca más se vieron,
nunca más se sintieron;
será que de este campo se
fueron, quisieron probar
otra mies, otra cosa no
pudo ser, que si no,
las lágrimas se descuelgan,
y riegan pequeñas huellas,
que pienso en su oscuridad,
y al no encerrarme con ella,
no sé por cuánto tiempo,
pudieron unos ojitos negros,
estar mirando una puerta,
y no preguntarme por qué.