Música para oir en una pestaña nueva / new tab
http://www.youtube.com/watch?v=uANOqXKToYw
Un poblado en la noche,
postal de mágico reflejo,
tejados de cielos y estrellas
no acogen; y es abajo,
entre humo de chimeneas
y ladridos de perros,
que un anónimo quejido se
abre paso, rasga el frio,
rompe el silencio, y viste
al sentimiento de una pena
glacial que revienta el aire,
daña al oído y al momento,
explota en brutal alarido,
mujer que preña la noche,
y destila dolor inmenso,
sucesión de espantosos
gemidos, que despiertan,
sin acertar procedencia.
De dónde, de quién y
por qué, síquico o físico,
llora un adentro,
horroroso, pavoroso,
visceral semeja,
y sólo la sorpresa en la
aviesa noche me frena a
salir fuera, a topar con
el aposento fuente de
los lamentos, y dar con ella,
suplicar poder entender,
si puede anegar la
tortura, si puede
llevar la amargura a la
extenuación, o si un antes
de perder la cordura,
puede darse la paz de
amparar y arropar, de
preguntar por lo que pasa,
del lo siento y te siento,
en la duda de ayudar o
callar y escuchar, de
lo cerca que se está por
azar, del mensajero que
odia el tormento, que
aparece y quiere dar en
su pensamiento asidero,
a los que no toleran infiernos;
de avisar y no engañar,
del no puedo ir más allá,
sólo oponerme de lejos,
desde otra habitación,
acompañar en el duelo,
que invento lo que no
tengo, poder de extender la
mano y atraer en el viento,
blandir la pócima mágica que
doblega al sufrimiento, y
asentarme en la doctrina,
de no ser remilgado, de
huir de ser adorado, que
no hay plan que se acate,
si cercado está por el miedo,
por banal que a otros resulte,
igual es para mí vencerlo,
que nada me costará
sólo ir de aquí para allá,
librando de males, de los
que no quiero, que son
los milagros gratis, que
interesados no deseo,
ni son para un después,
que es ahora que peno.
Sea pues mi empeño,
el no pedir nada a cambio,
hacerla sonreír hasta
llevarla de nuevo a reir;
porque nada habrá sido, es
el mar de la tranquilidad la
seguridad del nada pasará,
que ella devolverá ciento,
en el maravilloso privilegio,
de no verla llorar más,
y aunque queda atrás,
su olvido en saludar es
para mí regalo que tengo;
ya saludan los caminos,
en pos de la serenidad,
lento y firme el caminar,
mientras me pierdo.